OVNIS Y EXTRATERRESTRES.

OVNIS Y EXTRATERRESTRES.

Bienvenidos a Ovnis y Extraterrestres, a todos aquellos que quieren saber un poco más sobre este tema apasionoante, de nuestro pasado, presente y futuro de la Humanidad. Espero que les guste el Bolg y sea de vuestro interes, comentarios y divulgación.



LA PIEDRA FUNDAMENTAL.

LA PIEDRA QUE LOS CONTRUCTORES ARQUITECTOS REPTILOIDES DESECHARON, SERA LA PIEDRA FUNDAMENTAL, BASE Y VERTICE DE TODA LA CONSTRUCCIÓN. ESTO ES MARAVILLOSO....!!.

2019

A PARTIR DEL SEGUNDO SEMESTRE, JULIO 2019, COMIENZA PARA LA HUMANIDAD UN TIEMPO DE OSCURIDAD CADA VEZ MAS PROFUNDA HASTA EL 2040.- LAS FUERZAS OSCURAS DEL ANTICRISTO REPTILIANO, EL DRAGON ROJO, COMENZARAN A LEVANTARSE DESDE EL ORIENTE HASTA DOMINAR TODO EL PLANETA TIERRA Y LA HUMANIDAD.- DESPUES 2040 CUANDO SEA DERROTADO COMENZARAN 1000 AÑOS DE LUZ Y DE PAZ PARA TODA LA HUMANIDAD.

viernes, 12 de abril de 2013

SI HUBIERA EXTRATERRESTRES SERIAN COMO NOSOTROS. JUAN LUIS ARSUAGA.

SI HUBIERA EXTRATERESTRES SERIAN COMO NOSTROS". JUAN LUIS ARSUAGA. 

Arsuaga: “Si hubiera extraterrestres, serían como nosotros “.  

JOSÉ MANUEL NIEVES.

 Sobre estas y otras cuestiones, los dos especialistas charlan con ABC a lo largo de una entrevista.
 ABC.

 Manuel Martin - Loeches y Juan Luis Arsuaga.

 Bajo el título de “El sello indeleble” (Editorial Debate) el paleontólogo Juan Luis Arsuaga y el neurocientífico Manuel Martín-Loeches abordan el problema, aún sin resolver, de qué es exactamente un ser humano. Nuestra especie, en efecto, no dispone aún de una definición científica, y son muchas las dudas que se plantean sobre las características que hacen a los humanos tan diferentes de las demás criaturas que pueblan en planeta. ¿Seguiremos evolucionando? Y si es así, ¿Hacia dónde? ¿Se ha convertido el propio ser humano en el dueño de su propia evolución? Sobre estas y otras cuestiones, los dos especialistas charlan con ABC a lo largo de una entrevista mantenida hace dos días en Madrid

 - ¿Cuál es el motivo de este libro?
 Arsuaga. Sorprendentemente, la especie humana no está aún definida. Todas las especies tienen una definición y existe un ejemplar tipo, un ejemplar de referencia con el que todos los demás se tienen que comparar. Linneo escribe sobre nuestra especie, pero no hace de ella ninguna definición biológica. Martín-Loeches. Lo que está claro, entonces, es que había que hacer esa definición. Y este libro es precisamente eso, una definición de la especie humana, hasta donde sabemos ahora. Pero es un proyecto en marcha. Se trata de intentar conocer nuestra especie desde todos los puntos de vista. - Y ahora que el libro está hecho y todas las ideas están ordenadas, tenemos por fin una definición para la especie humana? Arsuaga. Yo diría que es una especie muy social…

 -Y los insectos también…
 Arsuaga. Si, pero de una manera muy diferente. Edward Wilson dice que las dos líneas evolutivas que han triunfado en la línea de la vida son, precisamente, dos líneas sociales. Que son, por un lado, los insectos sociales (que, por otra parte, representan la mayor parte de la biomasa de todos los invertebrados); y después nuestra propia especie. Son dos modelos diferentes de sociabilidad, pero los dos tienen mucho en común. Como decía Wilson, ambos modelos de evolución social son extremadamente intolerantes y belicosos, no conocen la paz y viven en una guerra permanente.

- Pero nuestra forma de sociabilidad no es la misma que tienen los insectos…
 Arsuaga. No, no, ellos han seguido un modelo completamente distinto, en el que los individuos no importan. Solo importa el colectivo. Por eso es tan buen ejemplo para muchas doctrinas políticas, ideologías y hasta utopías científicas. - Sin embargo, antes que nosotros, hubo otras criaturas, como los dinosaurios, que no eran sociales y que dominaron el planeta durante casi cien millones de años…

 Martín-Loeches. Indudablemente, el modelo de especie social tuvo un desarrollo tardío. Hemos tardado en llegar…

- ¿Es entonces la sociabilidad (la de los humanos, no la de los insectos) una consecuencia inevitable de la evolución?

Arsuaga. Sólo conocemos un caso… que es el nuestro. Para contestar a eso deberíamos de conocer más ejemplos. Si en todos los planetas habitables aparece y se desarrolla una especie social, pues llegaríamos a la conclusión de que es una consecuencia inevitable. Como cosa curiosa, en las especulaciones de la ficción científica que proliferaron en los años siguientes a la segunda guerra mundial, y que reúnen a escritores como Arthur Clarke, o a novelistas que tienen mucha relación con la ciencia, como Aldous Huxley… todos ellos están comparando y enfrentando los dos modelos, el de los insectos sociales y el humano. Y algunos defendiendo que habría que desarrollar un modelo similar. El “mundo feliz” de Huxley es un modelo de castas, de insectos sociales.

 -¿Piensan que la evolución sigue un programa concreto? Es decir, si hubiera un planeta con las mismas condiciones que la Tierra, ¿acabaría desarrollándose en él un ser humano?

 Martín-Loeches. Creo que no. La nuestra es una especie en medio de una gran diversidad.

Arsuaga. J.B.S Haldane decía que de Dios, lo único que sabemos realmente es que le gustan los escarabajos, porque la mayor parte de los insectos son coleópteros. Pero la nuestra es una especie entre muchas otras, igual que los insectos sociales. Yo formularía la pregunta de otra manera: Si en un planeta determinado emerge una especie inteligente, con capacidad tecnológica para viajar por el espacio, algo que, por cierto, en nuestro planeta ha tardado 3.800 millones de años en suceder, esa especie tendría que ser como nosotros? Y en ese caso yo me atrevería a decir que sí.

-Por qué?
 Arsuaga. Porque creo que los rasgos esenciales de nuestra especie son necesarios para que surja una especie tecnológica. Es difícil imaginar que pueda surgir una especie así sin que exista, por ejemplo, la placenta. Me resulta difícil creer que, por ejemplo, una especie que ponga huevos pueda hacerse inteligente, porque la nuestra tiene un desarrollo muy prolongado dentro del útero materno, y eso hace que tengamos pocos hijos, o camadas muy cortas, pero con crías muy desarrolladas. No me imagino una inteligencia extraterrestre con capacidad tecnológica que vaya poniendo huevos por ahí…

Martín-Loeches. Aunque a lo mejor no es del todo inconcebible…

Arsuaga. Yo creo que sí. Resulta que la placenta ha aparecido en la evolución de nuestro planeta por lo menos quince veces, montones de veces, porque es un magnífico invento. Para ser inteligente hace falta tener un buen desarrollo antes de nacer.

 - ¿Y qué hay del resto de nuestras características físicas?

 Arsuaga. También son importantes… A ver. ¿Podrían los delfines desarrollar una civilización tecnológica? Cómo iban a hacerlo, si no tienen apéndices, brazos y manos… no pueden manipular objetos… Y si los desarrollaran, pues entonces se parecerían a los humanos. Conway Morris, uno de los mayores expertos sobre el origen de los organismos multicelulares, opinaba que si vinieran los extraterrestres a visitarnos serían, de piel para dentro, aunque por fuera tuvieran cuernos o verrugas, esencialmente como nosotros. O si no, no habrían conquistado el espacio. Y si son parecidos a nosotros, dice Morris, entonces mejor que no vengan…

 -Entonces, además de sociabilidad, incorporamos la inteligencia a la definición de ser humano… Martín-Loeches.

- Por supuesto. Sin lenguaje no se puede transmitir información. Si consideramos la tecnología como una de las manifestaciones de la inteligencia, entonces se necesita ser sociales. Ninguna especie que conste de individuos aislados, que no sea social, podría realizar avances tecnológicos del nivel de los que nosotros tenemos ahora.

 - Imaginemos que tuvieran delante, realmente, a un extraterreste. ¿Cuál sería la primera pregunta que le formularían?

 Arsuaga. Yo lo tengo muy claro… haría algo muy simple. Me llevaría la mano al pecho y diría :”Yo, Juan Luis”. Y si él hace algo parecido, entonces ya está… Tiene consciencia, tiene “yo”, es como nosotros…


 Martín-Loeches. Estoy de acuerdo con Juan Luis. Ese simple gesto marcaría el hecho de que hay un “yo” y un “otro” que están coexistiendo en ese mismo cerebro. Y eso marca un hito muy importante de nuestra forma de ser. De hecho, la nuestra es la única especie de la Tierra que es plenamente consciente de eso.

-Hay quien discutiría eso…

 Arsuaga. Bueno, hay otras especies que están en el umbral de la consciencia, pero hasta qué punto eso es así es una discusión que nunca se resolverá. Hay estudios con delfines, por ejemplo, que indican que emiten sonidos con los que se identifican individualmente, y que otros delfines, cuando les quieren llamar, emiten esos sonidos concretos, les llaman por sus nombres… Pero no dejan de ser consciencias incipientes… De algún sitio habrá salido la nuestra, ¿no?

Martín-Loeches. De hecho, además, en sus cerebros hay una clase de células que sólo tienen los primates, una serie de neuronas modificadas que solo poseen las especies altamente sociales y que se han generado, de forma independiente, tanto en los cetáceos como en los primates.

- Otro de los puntos centrales del libro es la evolución. ¿Es el ser humano la especie que más influye en su propia evolución, hasta el punto de llegar a cambiar su curso?

 Martín-Loeches. Ahora mismo sí, y lo lleva haciendo desde hace mucho tiempo. Es una especie que ha creado sus propias presiones de selección. Por ejemplo, tenemos tecnología y el que no tiene capacidad tecnológica, pues se queda al margen.

- ¿Creen ustedes en el transhumanismo?

 Arsuaga. Genes humanos en animales ya hay. Lo que no hay son genes animales en humanos. Es decir, que la tecnología está ahí y todo se puede hacer. Pero qué es lo que va a ocurrir en el futuro? Hay dos campos en los que nadie va a discutir la modificación genética de la naturaleza humana. Uno es el campo de la salud. Si se tiene la información genética necesaria para modificar algún órgano o parte del cuerpo con el fin de que no se padezca determinada enfermedad, nadie se va a oponer a que se haga. Y el otro es la vejez, algo que nos obsesiona y para evitar la cual se aceptará sin discutir cualquier modificación genética.

- ¿Y biológicamente? ¿También será igual?

Arsuaga. Pues en una sociedad en la que somos libres e iguales no habrá discapacitados, ni marginados, ni oprimidos… Y biológicamente seremos iguales que ahora. Martín-Loeches. Yo pienso lo mismo, porque nos gustamos tal y como somos y no nos cambiaremos a nosotros mismos. La tecnología se adaptará a como somos nosotros, no a cambiarnos. Además, la tecnología no cambiaría la especie, porque no cambia los genes…

- Consideran entonces que hemos llegado ya al punto más alto de la evolución humana? Es decir, como ya no nos afecta la Naturaleza y podemos vivir en cualquier clima y ambiente ecológico sin tener que adaptarnos a él, como hacen otras especies. ¿Hemos dejado de evolucionar?

 Arsuaga. Evidentemente, suplimos nuestras carencias biológicas con tecnología, e incluso respiramos debajo del agua sin tener agallas, nos da igual el medio ambiente, a no ser que haya una catástrofe natural que nos deje sin tecnología… En condiciones normales y si todo sigue así, sin grandes sobresaltos, no cambiaremos mucho.

- Y mirando al pasado en vez de al futuro… Somos los humanos de hoy, como entes biológicos, iguales a los de hace mil años?

 Arsuaga. Sí. Tenemos las mismas capacidades ahora que entonces, y salvo algunas adaptaciones locales y menores, como la de los tibetanos, que están más adaptados a vivir en las alturas que el resto, los humanos de hoy somos los mismos que los de la Edad Media.

 - Vamos a centrarnos ahora en el cerebro, uno de los órganos más importantes del ser humano. ¿Sigue creciendo? ¿O por el contrario, se está encogiendo, como algunos piensan?

Martín-Loeches. Hasta ahora todos los cerebros que se han medido entran dentro de la misma variabilidad. Parece que en algunas áreas cerebrales concretas puede haber habido alguna reducción, pero nada reseñable.

Arsuaga. Para que el cerebro crezca, o se reduzca, tiene que producirse que los individuos que tienen el cerebro más grande, o más pequeño, tengan más descendientes que los demás. Y eso, que sepamos, no está sucediendo.

 - ¿Podría considerarse Internet como una especie de inteligencia colectiva, un “espíritu de la colmena” creado por el ser humano y dentro de la cual seguimos más el modelo de insectos sociales que el de nuestra propia especie? Arsuaga. Algo de eso hay, aunque eso no nos cambiará la biología.

 Martín-Loeches. El día que apareció la escritura lo hizo también la información almacenada, pero a pesar del tiempo que ha pasado desde entonces sigue sin haber en el cerebro una adaptación especial a la escritura. A los niños les sigue costando mucho aprender a escribir. Con el habla es otra cosa, sí que existe una adaptación específica que hace que el habla surja de forma natural.

Arsuaga. Ese “cerebro colectivo” del que habla no puede cambiar la biología, aunque sí los destinos de la Humanidad. Y es cierto que hay algunos paralelismos interesantes con el tipo de sociedades que forman los insectos sociales… Y eso influirá en la Historia, pero no en la Biología, porque para cambiar la Biología es necesario intervenir activamente, modificar la genética en un laboratorio. Tanto si eres analfabeto como si eres Einstein, tus genes no se enteran. Es decir, que eso no va a cambiar nuestra biología. Con los mismos genes se puede ser de mil formas distintas.

- Les pediría, por último, una conclusión…

Arsuaga. Lo que hemos hecho, en el fondo, es un programa de investigación. Nuestro libro está sin terminar. El trabajo, en su mayor parte, está por desarrollar, nosotros lo que hemos hecho es como un programa, una lista de las cosas que quedan por hacer.

Martín-Loeches. Mi conclusión es un poco más larga. En el libro se revisa el presente, el pasado y el futuro, y no solo en relación al cerebro… Conociendo muchas cosas del pasado conocemos cómo somos hoy día. Y hoy tenemos herramientas en nuestras manos que nos van a permitir cambiar muchas cosas. Pero para eso hay que conocer el pasado, cómo somos en el presente y decidir hacia dónde queremos ir en el futuro. Dos ejemplos: Vemos en color gracias a nuestro pasado de primates frugívoros, y eso nos gusta, no lo queremos cambiar. Está en el presente y en el futuro puede seguir. Por otra parte, somos violentos porque venimos de una escasez de recursos en el pasado. Si conseguimos que no haya escasez, podría ser deseable cambiar ese rasgo de nuestro comportamiento.

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